Antonio Zuidwijk
El autor es experto en temas de comercio internacional, puertos y transporte, y dirige www.antonioz.com.ar
En la última edición de este suplemento leí una columna del interventor en la Administración General de Puertos (AGP), Gonzalo Mórtola, en la que se refería al plan estratégico del organismo que dirige. Espero sinceramente que antes de que se tomen decisiones se habilite un debate público sobre el tema.
Sin dudas, el puerto de Buenos Aires será necesario para nuestro comercio exterior por varios años y lo será como puerto de cruceros para siempre; por otra parte, todos los habitantes tienen derecho a un puerto competitivo. Pero hay muchos puntos que se deben analizar y plantear en mesas redondas y con técnicos que podrán opinar sobre muchas cosas y no sólo de lo que es estrictamente técnica portuaria.
En primer lugar, un Plan Estratégico de un puerto debe ser analizado dentro de un plan de transporte de una Nación. Por caso, en los países que progresan las políticas de transporte son siempre “políticas de transporte intermodal”, en las que se usan las combinaciones de transporte que dan el menor costo final para poder mover cargas de origen a destino. Pero esos costos no son solamente los que cobran los operadores del transporte, sino que deben incluir los costos de la construcción y mantenimiento de infraestructura, la congestión, los accidentes y el efecto sobre el medio ambiente.
Por otra parte, hay que considerar la posición del puerto sobre el Río de la Plata, a más de 220 kilómetros del primer punto de profundidad natural de tan sólo 12 metros, que es lo mínimo que requiere un puerto de importancia.
Asimismo, se debe tomar en cuenta que el puerto está detrás de una ciudad donde viven 12 millones de habitantes que merecen que se tomen todas las medidas para mitigar los inevitables efectos negativos que tiene un puerto sobre el tránsito. Esto requiere estudios de flujos de cargas, ya que el puerto tiene graves problemas de accesos para camiones y ferrocarriles que sólo se pueden solucionar con enormes gastos.
Por otra parte se debe considerar que “modernizar” un puerto con espigones de los tiempos de depósitos a largos muelles lineales para operar con contenedores, es mucho más caro que hacer los muelles nuevos en otros lugares.
Hay que considerar la preocupación de cómo será la evolución del comercio mundial: muchos piensan que en lugar de un período de crecimiento se debe esperar uno de contracción por el aumento del proteccionismo.
Y finalmente hay que tener en cuenta la crisis del transporte marítimo mundial, que empezó en 2009 y es la peor de la historia, y que ya causó la quiebra del séptimo armador del mundo –Hanjin– y provocó caos en cadenas logísticas de Europa y Estados Unidos (se estima que este año los armadores perderán US$ 5000 millones, lo que ya arrastró a muchos astilleros). Como única salvación los armadores deben bajar sus costos, se deben juntar y para los tráficos de Asia a Europa y Estados Unidos se están formando tres grandes alianzas (Vessel Sharing Agreements) que comenzarán a funcionar probablemente en abril próximo. Son los mismos armadores que vienen a Sudamérica.
Estos son sólo algunos de los puntos que se deben analizar para hacer un Plan Estratégico para el Puerto de Buenos Aires, que se debe relacionar con un análisis en mesas redondas, y con técnicos en diferentes materias, y no sólo portuarias.
Resta una sola pregunta: ¿cuáles han sido los aportes de Fundación Valencia Port, el Puerto de Rotterdam, el Puerto de Barcelona y la consultora ALG en el Plan Estratégico mencionado y en el futuro proceso licitatorio de las dos terminales de Buenos Aires?
Fuente: Comercio Exterior La Nación
