Por Nicolás Cachanosky

En los últimos días se han escuchado propuestas, en especial por parte de Sergio Massa, de restringir las importaciones de bienes de consumo. Suspenderlas por 120 días si hace falta. Entre los argumentos esgrimidos en favor de cerrar las importaciones se encuentra que es necesario proteger el empleo argentino en el sector industrial. En otras palabras, la apertura comercial produciría desempleo. A esto se agrega una supuesta inundación de productos externos que estaría colmando el mercado local y desplazando a los productores locales. ¿Acompañan los datos a este argumento? ¿Qué tan cierto es que la apertura comercial genera desempleo?

En primer lugar, la Argentina no está transitando una fuerte recesión ni está siendo inundada por productos extranjeros. Más bien se están percibiendo los primeros datos de una leve recuperación en la economía o de un «veranito económico». Las importaciones de bienes de consumo, medidas en valores (millones de dólares) o en un índice de cantidad, se encuentran por debajo de los máximos valores que hemos tenido durante el kirchnerismo. No es lo mismo un repunte que una inundación de importaciones. El primer gráfico muestra las importaciones en valores y el segundo, en índice de cantidades. Ambos casos contradicen el argumento de que hay demasiadas importaciones.

Los miedos de los sectores que temen a las importaciones están, entonces, sobredimensionados. No obstante, tampoco es tan claro y directo que la apertura comercial produzca desempleo. El temor es claro: el productor local que no puede competir internacionalmente pierde a sus clientes y debe cerrar su negocio, disminuye el volumen de producción, lo que resulta en mayor desempleo. No obstante, un aumento de importaciones redunda en mayores exportaciones.

Al vivir en sociedad, cada uno de nosotros puede consumir más que su propia capacidad productiva. Piense por un momento todo lo que consume en un día, desde su desayuno hasta una película o una serie que puede ver a la noche antes de irse a dormir. ¿Es usted capaz de producir todos estos bienes que consume de manera diaria (con el mismo nivel de calidad, etcétera)? Claramente, no. El motivo por el cual podemos consumir más de lo que producimos es porque nos especializamos en nuestras ventajas comparativas y comerciamos con nuestros vecinos. Sin embargo, el hecho de que no produzca mi propio desayuno no implica que esté produciendo desempleo. Al contrario, al ahorrar tiempo y recursos, estos pueden ser utilizados para expandir la producción. Lo mismo sucede con el comercio entre naciones, por el sencillo motivo de que las naciones en sí no comercian, son las personas las que comercian. Así como para «importar» mi desayuno debo «exportar» mis servicios a la comunidad en la que vivo, los países tampoco pueden exportar sin importar.

¿Es esto así en los datos? El siguiente gráfico muestra el índice de apertura comercial del Economic Freedom of the World del Fraser Institute. El índice de apertura comercial va de cero (economías cerradas) a cien (economías abiertas). Según el último reporte del Economic Freedom of the World, podemos comparar la apertura comercial y el desempleo de 113 países. Ciertamente, se pueden hacer análisis más refinados, pero si la relación entre apertura comercial y desempleo es tan obvia como el gran arco de la política argentina parece creer, la relación debería ser también obvia. Los datos plasmados en el siguiente gráfico no acompañan esta creencia. Por el contrario, de haber una tendencia, es de menor desempleo cuanta mayor apertura comercial. Algunos países alejados de la tendencia ven su desempleo afectado por otras variables, como Gabón, que posee riesgo de conflictos sociales e incluso de golpe de Estado.

El problema, por lo tanto, no es la apertura comercial en sí. El problema es la ineficiencia del sector industrial argentino, sobre la cual las regulaciones, la inestabilidad jurídica, la falta de infraestructura y la asfixiante presión fiscal del Gobierno son también responsables. En mayor o menor medida, Argentina ha vivido de espaldas al mundo en los últimos setenta años. Es lógico que de abrir las importaciones de golpe, se produciría un efecto sobre el desempleo. Pero el objetivo de la política argentina está mal planteado. El objetivo no debería ser cómo seguir manteniendo la economía cerrada, sino cómo transitar a una economía abierta.

Un claro mensaje del arco político, por ejemplo, donde se avisa que la Argentina va a transitar de manera gradual pero firme hacia una economía abierta en los próximos seis años, quitando regulaciones y bajando tarifas, produce el shock institucional sobre el que se avanza gradualmente. Al mismo tiempo, si el mensaje es claro y trasciende a un movimiento político puntual, entonces el sector productivo va a tener los incentivos para pedir al Estado que lo deje trabajar eficientemente en lugar de protegerlo con regulaciones.

Los políticos argentinos se suelen mostrar muy creativos al momento de sugerir anacronismos económicos como cerrar las importaciones, pero dicha creatividad desaparece al momento de argumentar en favor de una economía libre y abierta al mundo. Si bien Cambiemos tiene una responsabilidad especial al ser gobierno, este cambio de mentalidad debe trascender a los gobiernos de turno para dar estabilidad en las reglas de juego y el camino a transitar.

@n_cachanosky

El autor es doctor en Economía por Suffolk University. Actualmente es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver. Administra el blog Punto de Vista Económico. www.ncachanosky.com

Fuente: Infobae