Existen actualmente más de 300 acuerdos de libre comercio según datos de la OMC. El viejo objetivo del GATT después de la Segunda Guerra Mundial en cuanto a la liberalización mundial del comercio mediante la multilateralización de las preferencias arancelaris se está cumpliendo por otra vía. Pero se está cumpliendo.
Argentina y Brasil han proseguido con una política de aislamiento del mundo. Tenemos acuerdos preferenciales vigentes con los demás socios de la ALADI y con Israel, la India, la Unión Aduanera de Africa del Sur y con Egipto. Lo cual no es poco, pero tampoco es mucho. En ninguno de esos casos el comercio podrá incrementarse espectacularmente. A veces se habla de concretar acuerdos con países como Surinam o El Líbano. Sin despreciar a estos países podemos preguntarnos ¿cuál será el monto del intercambio con tales países? De los acuerdos vigentes el más prometedor podría ser el que tenemos con la India aunque lo firmado es demasiado limitado. Pocas mercaderías y además preferencias bajísimas. India es un país sumamente prometedor hoy y mucho más en el futuro cercano. Puede preverse que a mediados de este siglo y más seguramente al final es probable que supere nada menos que a la China en volumen de comercio.
Tenemos muy cercanos países que al contrario de Argentina y Brasil han preferido tener aranceles de importación bajos y han practicado la apertura comercial además de firmar múltiples acuerdos preferenciales. El caso de Chile y también de Perú son paradigmáticos. Derechos de importación únicos de 6% y 5%. La integración y los acuerdos comerciales han demostrado ser importantísimos en el mundo actual. Chile y Perú, para nombrar sino a dos cercanos países, ya lo han comprendido hace años. El Mercosur parece que no. Las eternas, fatigantes negociaciones con la Unión Europea cuyo acuerdo marco se firmó hace más de 20 años, los prejuicios ideológicos para firmar un acuerdo con Estados Unidos (vean el caso de México que gracias a su comercio con ellos exporta más que Argentina y Brasil juntos) y los altos aranceles y restricciones no arancelarias dificultan cualquier acuerdo por más declaraciones a favor de ellos que hagan nuestros funcionarios. Aunque hay otros que dicen estúpidamente que “hay que vivir con lo nuestro”.
En el siglo XXI como ha sido siempre aislarse es estancarse y retroceder lentamente. El Mercosur debería entonces aprender la lección que nos están dando casi todos los demás países y que nos rompe lo ojos.
En 1719 apareció en Londres la inolvidable novela «Robinson Crusoe» escrita por el novelista inglés Daniel Defoe. Todos conocen a Robinson Crusoe, pero muy pocos conocen a Alexander Selkirk, un marinero escocés, el verdadero náufrago que inspiró a Defoe y que pasó viviendo varios años en una isla del Océano Pacífico, seiscientas leguas frente a las costas de Chile y hoy perteneciente a ese país con el nombre de islas de Juan Fernández. Tuvo que afrontar y resolver los problemas de su soledad y su alejamiento del mundo. Sobrevivió y salió adelante, hasta que fue rescatado reintegrándose al mundo civilizado cuatro años y medio después. En nuestro caso ¿cuántos años nos llevará integrarnos a él? Seguramente deberemos envidiar en el futuro la suerte de Selkirk.
La Argentina, Brasil y el Mercosur se están quedando aislados. Como Alexander Selkirk, como Robinson Crusoe. Con la diferencia que los famosos náufragos, de la realidad y de la ficción, volvieron luego de un tiempo a reintegrarse al mundo civilizado. La pregunta crucial a fines de 2017 es cuándo regresaremos al mundo del comercio internacional lo que nos traerá a todos riqueza y trabajo.
Fuente: Todocomex
