Oriente es paciente, pero no se detiene ni espera

POR CARLOS ALMA *

Asia concentra alrededor de 4.400 millones de personas de la población mundial lo que representa alrededor del 60% de los humanos que habitan la Tierra. Su crecimiento demográfico no se detiene a pesar de las políticas encaradas para controlar su expansión y aunque la propensión es decreciente, los nacimientos representan el doble que los decesos, lo que expone la tendencia imaginable para el futuro con esta evolución.

Esto significa que en la actualidad casi dos tercios de cada habitante del planeta es originario de esa vasta región y su producción alimentaria actual es insuficiente para atender las necesidades de tamaña cantidad de personas.

Son evidentes los desequilibrios económicos entre los países que integran la región y más aún, dentro mismo de cada territorio pues la distintiva clase media de las sociedades desarrolladas, es todavía incipiente en esas latitudes. Claro ejemplo de esto es que China e India, que concentran alrededor del 70% del total poblacional del continente, todavía exhiben notables y notorias distancias sociales entre sus pobladores y por añadidura, de riquezas, lo que genera una reducida élite de privilegiados y una enorme base entre quienes pugnan por mejorar su condición y los que aceptan dramática y pragmáticamente su pertenencia ancestral.

Este tipo de situación se hace más evidente en las zonas rurales donde prima la sumisión a las tradiciones antes que la rebeldía de las nuevas generaciones. Para los que lo intentan, las oportunidades aparecen en los grandes centros urbanos e industriales a pesar de que de ninguna manera, esto garantiza el resultado positivo aunque ofrece una posibilidad de progreso.

Lo que no deja de ser cierto y es casi un axioma es que la demanda en esos centros urbanos crece sin pausa al compás del aumento demográfico abriendo puertas para el abastecimiento externo de esas necesidades. Dentro de este escenario, no puede soslayarse el costado internacional en el que los espacios se han reducido a raíz de cuestiones internas en Europa, que se preocupa por su consistencia como bloque desde la crisis del Brexit, junto a la aparición de un presidente en Estados Unidos que plantea duras restricciones al intercambio comercial.

Al amparo de estas consideraciones, el gobierno chino, cuyo timing tradicional es enfocado al largo plazo, ha tomado un protagonismo sustantivo que lo ha puesto en la primera línea de la acción comercial y política en tanto que Rusia, mercado cuya ponderación es significativa, no aparece significativamente en el radar comercial argentino.

ARGENTINA

La proyección en el tiempo indica que en los países asiáticos continuará el aumento de la población y con ello el requerimiento de alimentos y de algunos productos industriales específicos, y salvo que Argentina madure y comprenda la necesidad de contar con un estadista que plante sólidamente las bases para un desarrollo persistente, y sea respaldado por la corporación política en beneficio de la Nación, se perderá una nueva oportunidad de crecimiento genuino.

Mientras sigan los extravagantes escarceos políticos domésticos sin que se defina una política de Estado estable para el comercio exterior, esto parece poco probable. A menos que se entienda la importancia de un denominador común en esta materia, básicamente se dependerá del campo y de la meteorología con las limitaciones humanas que esto supone.

Singularmente la conformación de Mercosur ha colocado a la industria nacional en un brete por el cual, salvo excepciones, es dificultoso operar sin vulnerar las restricciones que impone el mercado común, en tanto que en las antípodas, México ha formalizado 12 tratados de libre comercio con 46 países, lo que le ha valido crecer exponencialmente en su capacidad de intercambio y crear una barrera defensiva frente a los potenciales ajustes que hoy rondan al NAFTA.

Este ejemplo, y el haber perdido el tercer lugar regional en exportaciones a beneficio de Chile, ha colocado a la Argentina como el país de menor crecimiento en envíos al exterior de América Latina, exceptuando a Venezuela. Todo esto no es casual ya que la estrategia para participar en el intercambio internacional no depende parcialmente de un ciclo gubernamental pues en realidad, reclama un plan sostenido que estimule procesos de inversión y cuya continuidad no esté subordinada a personas que respondan temporalmente al ejecutivo de turno sino al proyecto estructural.

PRODUCCION

Para que el aprovechamiento de la oportunidad sea posible, se deben dar algunas condiciones básicas para encarar un esquema serio y demostrativo de la decisión de progresar en la captura de mercados y una de las primordiales será abandonar definitivamente el carácter aldeano que caracteriza a los argentinos en general.

El tipo de cambio deberá ser competitivo para lo cual se deberá monitorear permanentemente para no perder el mercado. Otra condición no menor, será definir una plataforma comercial inteligente, estable e independiente del poder político en términos reales. Distribuir geográficamente la población económicamente activa para lo que es necesario establecer un buen sistema de comunicaciones y de rutas y transporte que por su costo no agredan el precio final de la producción.

El ingreso per capita argentino es una vez y media superior al chino pero su PIB es veinte veces menor, lo que indicaría que con paciencia, convicción y mucha profesionalidad, es posible generar una apertura gradual pero sólida que posibilite sostener en el tiempo un mercado que demandará de manera creciente alimentos y tecnologías específicas. Por eso es que para que Argentina pueda disponer de alguna probabilidad de participar en ese gigantesco mercado de consumo, primero debe acomodar sus problemas internos para después, salir a vender sus productos con consistencia.

No es dependiendo de Brasil, ni tampoco renunciando al intercambio binacional el modo adecuado para consolidar una base estructurada y consistente. Al contrario, es abrirse al mundo y lo oportuno es el crecimiento asiático que le provee mercados extraordinarios para sus materias primas o sus productos industrializados.

De todas formas si no se baja la carga impositiva que hoy se requiere para sostener al Estado, es inviable imaginar un programa de comercio exterior que logre mantenerse sin importar los regulares ciclos políticos internos. Pensando en la crisis que podría desatar una ola de despidos en la administración pública tratando de equilibrar el Presupuesto, la forma correcta de resolver este problema es agrandar la torta económica y para eso se requiere tiempo y reglas que se mantengan incólumes independientemente de los distintos colores de gobierno.

Sólo si hay convicción interna, se podrá aspirar a avanzar sin pausa en el lento y sólido camino del comercio exterior y para que eso se concrete, será imprescindible un cambio de eje en la política nacional. Asia es paciente pero no se detiene ni espera.

* Consejero estratégico. AM Consulting

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